¿La venganza para qué sirve? II

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

En la última sesión, estuvimos hablando de que planeabas vengarte de tu marido y de cuales eran tus objetivos reales.
– Sí.
– ¿Cómo estas?
– Muy triste, enfadada, no me lo puedo sacar de la cabeza, ya no confió en él. Me esta volviendo loca, me mortifica. No se que hacer.
– ¿Has pensado en lo que hablamos?
– Sí, le sigo dando vueltas, quiero que pase por lo mismo que me ha hecho pasar a mi.
– Bien ¿recuerdas cuál era realmente tu objetivo?
– Sí, que todo vuelva a ser como antes, que la deje y que vuelva conmigo.
– Perfecto ¿sigue siendo este tú objetivo?
– Sí.
– ¿Tú creés qué acostándote con otro hombre y comportándote como él conseguirás tú objetivo?
– ¿Qué quieres decir?
Exactamente eso, ¿tú creés qué si tu marido se entera de que te has acostado con otro hombre conseguirás que todo vuelva a la normalidad?
– Es una posibilidad.
– Es cierto, es una posibilidad, ¿entre cuántas más posibilidades?
– Quieres decir que…
– Quiero decir que hay más posibilidades, y que te lo juegas todo a una carta.
– ¿Qué ocurre si lo empeoras?
– Sí lo empeoro, ¿más de lo qué esta ahora?
– Dios, no lo había pensado. Entonces me quieres decir que debo perdonarlo y quedarme tan pancha.
– No, no yo no quiero decir nada, eso lo tienes que decidir tú.
– No es justo, no como, no duermo, solo pienso… -rompe a llorar-
– ¿Qué necesitas para qué las cosas sean cómo antes?
– Qué esto no hubiera pasado.
– Estarás de acuerdo conmigo que no podemos hacer nada para arreglar eso.
– …-Vuelve a llorar-
– Bien, en primer lugar hay que asumir esta parte. En segundo lugar, ¿puedes vivir con él sin perdonarle?
– ¡No quiero perdonarle! ¿Por qué tengo que perdonarle? ¡Es injusto!
– Entiendo que estas enfadada y rabiosa, pero… acuérdate de tú objetivo. ¿Esta actitud te acerca o te aleja de conseguirlo?
– Supongo que me aleja.
– Bien.
– Sigo pensando en la venganza, la necesito.
– Bien, cierra los ojos, piensa que ya te has acostado con tus tres compañeros, ¿sí? ¿Cómo te sientes?
– ¿La verdad? Mal. ¡Mierda! Ni siquiera puedo sentirme bien visualizando ¿será posible? ¿Por qué para él ha sido tan fácil, por qué?
– Buena pregunta, ¿cómo sabes qué para él ha sido fácil? ¿Se lo has preguntado?
– No, lo qué me faltaba.
– ¿Por qué crees que te ha engañado?
– No lo creo, lo sé.
Sí lo sé, me refería a qué explicación le das a lo ocurrido?
– ¿Explicación?
– Sí, explicación, o ¿creés qué estas cosas ocurren por que sí?
– ¿Te refieres a qué es culpa mía?
– Yo no he hablado de culpa…¿Tú creés qué es culpa tuya?
– Bueno, todo el mundo sabe que si una relación falla, hay parte de culpa de los dos.
– Más que culpa responsabilidad.
– Bueno responsabilidad.
– ¿Y tú creés que tienes parte de responsabilidad?
– La verdad ¡No! Y aun así, no soy yo la que se ha ido con otro hombre a la cama.
– Es cierto, pero esto no nos lleva a ninguna parte. ¿O sí?
– No, supongo que no. ¿Entonces…?
– Por mi experiencia, lo primero que hay que hacer en estos casos es hablar, pero sin chillidos, sin insultos, con el máximo de tranquilidad posible. Y concretar cuál es el objetivos de ambos. Si este es el mismo, empezar a andar en esa dirección. Pero si los objetivos son distintos… no hay más de que hablar.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

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By | 2017-03-02T12:09:28+00:00 enero 27, 2014|Blog, En la consulta|0 Comments

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