El “síndrome Tónica”

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

Es de aquellos anuncios que no se olvidan. Me impactó de forma muy especial. ¿Cómo es posible que me digan que debo probarla más de una vez para que me guste, cuando lo habitual es que si algo no me gusta a la primera lo desestime? ¡Que la vuelva a probar! ¡Qué desfachatez!

Pues sí, tienen razón. Resulta que la tónica hay que probarla varias veces (ya que a la primera no le gusta a casi nadie), y después ya no podrás vivir sin ella, paradójico ¿no?

Bien, utilizo el término “síndrome Tónica”, en memoria del anuncio, a los casos en los que ellas se fuerzan a probar y probar algo que no les gusta hasta conseguir ser unas adictas. Me explico:

– Montse, lo tengo claro, quiero un hombre sólo para mi, paso de tener nada más con hombres casados − me afirma convencida.
– Perfecto.

En la siguiente sesión:

– Montse, estoy tan contenta, he conocido un chico guapo, simpático, inteligente, que me hace reír y… en fin, es el hombre perfecto. Bueno, casi perfecto.
– ¿Casi?
– Esto… No te enfades, ya sé lo que me vas a decir, pero es que es tan guapo… me hace sentir tan bien…
– A ver si lo adivino, está casado.
– Sí, pero no está bien con su mujer, hace tiempo que no es un matrimonio, ya sabes, ella no le da facilidades para separarse y luego están los hijos…
– Ya claro, ¿no te suena esta historia? Pero no voy a entrar en ello, quiero llamar tu atención en otro punto, ¿no tenías tan claro que no querías saber nada con hombres casados? ¿Dónde dirías que estás poniendo ahora tu foco de atención?, ¿en lo que tú quieres, o en su historia?
– ¡Ostras! lo he vuelto a hacer, pero ¿qué me pasa?
– Que tienes necesidades, que este hombre te hace sentir que estás viva y eso lo tienes que aprender a sentir tú sola y no depender de que te lo den los demás.
– Ya lo he entendido.

En la siguiente visita:

– Montse, he quedado con él para explicarle que no me puede dar nada de lo que yo quiero y que se terminó.
– ¿Que se terminó?, ¿el qué?, si no ha empezado nada. Vale, ¿cuál era tu objetivo?
– Montse, no empieces ¿qué quieres decir?
– Sí, ¿qué pretendías quedando con él para darle tantas explicaciones? ¡Ni a tus padres les has tenido nunca que dar tantas explicaciones!
– Bueno, tampoco es cuestión de ser mal educada.
– ¿Ahora se le llama así?
– Vale, quería verle. ¿Es un pecado?
– No soy yo quien deba juzgar eso, eso te corresponde a ti. ¿Estás actuando bajo tus objetivos y valores, o te estás dejando llevar por el momento? Dime, ahora tal como está la situación, ya lo has visto cuatro veces, ¿a dónde te conduce esto? Deja que te lo diga yo: a la dependencia. El primer día ya lo compraste y al cabo de unos días ya no podías vivir sin él… Y entonces, ¿qué? ¡Seguirá siendo un hombre casado!

Bien, se puede apreciar el parecido con el anuncio de la tónica. Sabemos que no nos gusta el sabor amargo típico de esta bebida, pero aún así la probamos. La primera vez reconocemos que no nos gusta pero, como está de moda, repetimos. En este caso esta mujer tiene claro que no quiere una relación con un hombre casado pero, en lugar de cortar de raíz el problema, sigue insistiendo e, irremediablemente, la terapia irá para largo.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

By | 2014-03-31T11:55:33+00:00 abril 23, 2013|Blog, En la consulta|0 Comments

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