Érase una vez. El pasado me persigue

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

– Montse me persigue su pasado, no puedo.
– ¿A qué te refieres?
– No soporto que haya estado casado con otra mujer, y mucho menos que tenga un hijo con ella. ¡Es para toda la vida!
– Si te pregunto de quien te has enamorado ¿qué me dices?
– Qué tipo de pregunta es esa.
– Una pregunta directa y abierta.
– Pues… De quien va a ser, de él.
– Bien, puedes definirme mejor “él”.
– Quieres que te explique cómo es.
– Exacto.
– Es inteligente, trabajador, guapo, divertido, cabezota, muy activo… Un poco perezoso, deportista…
– Bien ahora me queda un poco más claro quién es “el”, y dime cómo crees que ha llegado a ser así.
– Bien hay cosas con las que se nacen, otras que se aprenden en la infancia, y otras se siguen adquiriendo con la edad y las circunstancias.
– Perfecto no estaría mas de acuerdo contigo.
– Pero no sé a dónde quieres ir a parar.
– Dime ¿el seria el mismo sin sus vivencias anteriores, buenas o no tan buenas?
– No, pero sigo sin entender que tiene que ver esto con lo que me preocupa.
– ¿No lo ves? Si el no tuviera su pasado no sería el hombre del cual estas enamorada, ese pasado que te persigue es el que ha hecho que él sea como es ¿no?
– ¿…? -Cara de sorpresa-
– Te voy a contar un cuento.

Habían dos monjes zen, que iban de camino hacia el monasterio. Al llegar al rio se encontraron a una joven que lloraba desconsolada, el monje más mayor se acercó a ella y le pregunto qué sucedía.
Ella le respondió que tenía que cruzar el rio pero que al no saber nadar le daba miedo cruzarlo ya que las aguas habían crecido durante la noche. – señor si fuera tan amable de ayudarme a cruzar, le estaría siempre agradecida- a lo que el monje más joven respondió- eso es imposible tenemos prohibido ningún contacto físico con nadie, lo sentimos- , la mujer rompió a llorar, el monje más anciano se acercó a ella y bajo el asombro de su compañero más joven se ofreció a subir a la joven a su espalda para cruzar el rio. Esta, agradecida quiso besar la mano del anciano y este…- ya es suficiente sigue tu camino- y ambos siguieron su camino. Cuando llegaron al monasterio, después de 7 días de camino, el joven ya no pudo más y explotó – ¿Cómo has podido, tú, conocedor de nuestros votos?- a lo que el anciano respondió, ¿Cómo has podido tú, yo deje a esa mujer en la orilla del rio y tú la has traído hasta aquí?

-¿Quieres decir que yo soy como el monje joven?
– ¿…?
– Ya lo entiendo, yo sigo apegada al pasado y este me impide vivir el presente, ¿verdad?

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles

By | 2014-03-31T11:50:08+00:00 mayo 31, 2013|Blog, En la consulta|0 Comments

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