Érase una vez, el plato de madera

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

– Tengo un problema.
– Tú dirás.
– Este fin de semana nos reunimos los tres hermanos para tomar la decisión de si llevamos a nuestra madre a un residencia o le ponemos una chica en casa para que la ayude.
– ¿Y cuál es el problema?
– No se que es lo correcto.
– ¿Qué te dice la cabeza?
– Que es la solución más cómoda y económica para todos.
– ¿Qué te dicta el corazón?
– Ese es el problema… yo se que ella no quiere ir y tampoco quiere estar sola en casa con una extraña. A ella le gustaría vivir con uno de nosotros, pero…
– ¿Pero…?
– Eso no es tan fácil, mis hermanos creen que la residencia es la mejor opción.
– Ya veo, entonces… ¿para terminar qué te dice la razón?
– Me gustaría saber que es lo correcto.
– ¿Lo correcto para ti, lo correcto para tu madre, lo correcto para tus hermanos, lo correcto para…?
– … -silencio.
– Te voy a contar un cuento, para que compartas con tus hermanos este fin de semana.

Érase una vez en un lugar muy lejano… vivían en una casa un abuelo, el hijo de este y su mujer y su nieto de 6 años. El abuelo ya era mayor y tenia los achaques típicos de la edad, no veía bien, no oía bien, le temblaba el pulso, se desorientaba con frecuencia… debido en parte a estos achaques, cada noche a la hora de cenar se repetía la misma escena, el agua derramada, el plato roto y la comida esparcida por la mesa, el suelo y las ropas del anciano. Esto era motivo de muy mal estar para el matrimonio.
– No podemos seguir así le dijo la esposa a su marido, hace ruido cuando come, lo rompe todo y lo ensucia todo.
Un día, no se sabe muy bien por qué el hijo ya no pudo más y le entrego a su padre un plato, un vaso y cubiertos todos ellos de madera y le monto una mesa y silla en el otro extremo del comedor.
– Así no nos molestará.
Con una gran tristeza reflejada en su rostro, el anciano obedeció.
Pasaron los días y y el anciano seguía solo en su mesa con sus cubiertos de madera, para lo único que su hijo y su nuera se dirigían a él era para reprocharle que había tirado la comida o derramado la bebida.
El niño de seis años observaba todo esto en silencio. Un día, antes de la cena, el padre se da cuenta que el niño está jugando con un trozo de madera, el padre le pregunta que hace y el niño le responde…
– Estoy haciendo un plato de madera para ti y otro para mama para cuando os hagáis mayores.
Sonrió y continuo jugando con su trozo de madera.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

By | 2017-03-02T12:09:37+00:00 octubre 11, 2013|Blog, En la consulta|0 Comments

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