¡No más violencia de género!

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

– Montse me ha dicho que no lo hará más.
– Eso fue lo que te dijo la última vez.
– Pero esta vez es diferente.
– ¿Qué tiene de diferente esta vez?
– Ha cambiado… y me quiere.
– Eso es lo mismo que te dijo la última vez.
– No, de verdad a cambiado, no volverá a pegarme.
– ¿Cómo lo sabes?
– Porque lo conozco.
– Justamente porque lo conoces sabes que no puede evitarlo. Primero bebe, luego se enfada por cualquier motivo y lo terminas pagando tú.
– Montse tengo que darle otra oportunidad.
– ¿Cuántas oportunidades más necesitas darle? Siempre es lo mismo.
– Esto me recuerda a una historia.

Érase una vez, en un país lejano, en la orilla de un caudaloso río, vivía una rana muy generosa.
En época de lluvias el río crecía aun más si cabe el nivel de sus aguas y nuestra rana se prestaba de forma desinteresada a todo aquel que necesitase de su ayuda para cruzar el río.
Cruzaba sobre su espalda a ratones, hormigas, cucarachas, moscas… jamas se aprovecho de ninguno de ellos ya que sus valores y principios no le permitían aprovecharse de las debilidades de los demás en circunstancias tan desiguales.
Un día se le acerco el escorpión conocidos por todos en la zona y le suplico a la rana que le ayudase a él también a cruzar el río.
– ¿Serias tan generosa de ayudarme a mi también a cruzar el río?
A lo que la rana le respondió.
– ¿Qué te ayude a cruzar el río? ¿Qué te deje subir en mi espalda? ¡Ni soñarlo! todavía no me he vuelto laca. Te conozco lo suficiente para saber que no eres trigo limpio. Aprovecharas para picarme e inyectarme tu veneno mortal.
No era la primera vez que el escorpión lo intentaba y siempre recibía un no por respuesta, pero ese día…
El escorpión, le replicó;
– ¿Cómo se te ocurre decir tal cosa? ¿No ves que si te pico nos hundiremos los dos? recuerda que yo no se nadar. Estate segura de que no te picare eres a la última que querría picar.
Después de oír estas palabras la rana se convenció, sería muy estúpido por su parte picarme mientras cruzo el río ya que moriríamos los dos. Lo cargó sobre su espalda, donde él se agarró, y comenzaron a cruzar el río.
Ya estaban en la mitad del río, quedaba todavía un buen trecho para llegar a la otra orilla y fue ahí donde nuestra rana noto un pinchazo seguido de un dolor agudo y fue cuando se dio cuenta de que ya era demasiado tarde el veneno corría por su cuerpo el escorpión la había picado.
Comenzaron a fallarle las fuerzas y su vista se nubló. Mientras se ahogaba, le quedaron fuerzas para preguntarle al escorpión:
– ¡Lo sabía!. Pero… ¿Por qué lo has hecho? ¡Ahora moriremos los dos!
El escorpión respondió:
– No puedo evitarlo. Es mi naturaleza.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

By | 2017-03-02T12:09:23+00:00 Marzo 14, 2014|Blog, En la consulta|0 Comments

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