Que desilusión, es un niño y yo quiero una niña

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

– Montse ha sido terrible, que desilusión es un niño y yo quiero una niña.
– … – silencio.
– Se lo que estas pensando.
– … – silencio.
– Todo el mundo me dice lo mismo, que si que mala madre, que si no puede ser… pues no puedo evitarlo. ¡Quiero una niña! ya tengo cuatro niños, no quiero más niños.
– … – silencio.
– Montse, tu no sabes lo que es, solo hay hombres en mi casa, yo solo quería una niña, ¿es tanto pedir?
– Te he estado escuchando… y no se ¿qué quieres exactamente, cómo quieres que te ayude?
– Mmm…
– … -silencio-.
– Montse, quiero que me digas que no soy una mala madre, que es normal que después de cuatro niños quiera una niña…
– ¿De qué te sirve que yo te diga eso? Lo crea o no.
– Mmm… me quedare más tranquila.
– Eso quiere decir que ahora no lo estas.
– ¿…?
– Digo, que ahora no estas tranquila.
– Sí, es cierto no lo estoy, todo el mundo me trata fatal, me han llegado a decir cosas horribles en el colegido de mis hijos y todo por decir lo que pienso o más bien lo que siento.
– Si es realmente lo que piensas y lo que sientes ¿por qué te sienta tan mal lo que opinen los demás?
– No lo se, pero… no quiero sentirme así. Por eso he venido a verte, necesito que tú me digas que esta bien.
– Ya sabes que yo no hago eso, uno de los motivos es porque no sirve para nada. Vamos por pasos ¿te parece?
– A ver si lo he entendido bien, dices que sientes una gran desilusión porque querías una niña y estas embarazada de tu quinto hijo varón.
– Si exacto, son muchos niños era mi último intento y… -rompe a llorar- no quiero más niños, quiero una niña.
– Si esa parte la he entendido. Ahora bien, esto ya no tiene arreglo ¿estarás de acuerdo conmigo? Es decir ya tienes cuatro hijos varones y viene el quinto.
– Sí.
– ¿Te has planteado interrumpir este embarazo?
– ¡No! De ninguna de las maneras, ya sabes lo que opino al respecto.
– Lo se, era solo por plantear todas las posibilidades. Sigamos… entonces estas desilusionada ¿y …?
– Desilusionada, triste, enfadada, por otro lado… me siento fatal, cómo puedo sentirme así, tendría que estar feliz, pero… no puedo -rompe a llorar-.
– ¡Qué opina tu marido?
– No lo entiende.
– Si el resto de personas lo vieran bien o normal, ¿cómo te sentirías?
– Mmm… no me lo había planteado, supongo que mejor.
– ¿Mejor?
– Sí.
– Pero seguiría siendo un niño, el quinto.
– Sí es verdad, pero no me afectaría tanto.
– Entonces ¡me estas diciendo que si los demás pudieran permitirte sentirte mal por querer una niña y no te juzgasen, te sentirías mejor y no estarías tan desilusionada?
– Que extraño verdad, pero sí, la respuesta es sí. Además tu misma has dicho que lo que no tiene remedio, no tiene remedio ¿verdad?
– Exacto ahí quería yo llegar. Lo que no tiene remedio no lo tiene. Pero esto si que se puede corregir. ¿entonces?
– No lo se, ¿cómo hago para dejar de sentirme así? Mi hijo no se lo merece.
– Qué tal si empiezas por hablar con tu marido y le replanteas la situación. Y luego pruebas con el resto.
– Eso haré.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

By | 2017-03-02T12:09:22+00:00 Marzo 17, 2014|Blog, En la consulta|0 Comments

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