Érase una vez, ¿Mi felicidad depende de los demás?

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

– Montse, necesito que me aclares algo.
– Tú dirás.
– En la charla del otro martes, ¿recuerdas? El día que hablamos de la felicidad.
– Sí.
– Comentaste que normalmente nos quejamos de que somos infelices por culpa de los demás y que también esperamos que la felicidad nos la den los demás.
– Sí.
– Podrías darme algún ejemplo.
– Te contaré un cuento que leí el otro día.

Érase una vez, en un país lejano, habitaba un pequeño ratón, este siempre estaba angustiado, asustado y era muy infeliz. El motivo de su malestar era causado por la presencia de un gato vecino, temía que este que vivía muy cerca pudiera atacarlo.
Era tal el miedo que sentía que apenas se atrevía a salir de su casa.
En ese mismo lugar vivía un mago igual de anciano, que de sabio que se enteró de lo que le sucedía al ratón y se compadeció de él. Pensó y pensó… cuál sería la mejor forma de ayudarlo, ¿cómo devolverle la paz, cómo hacerlo de nuevo feliz?
Después de darle muchas vueltas decidió preguntarle directamente a él:
– ¿Cómo puedo ayudarte, cómo puedo hacer para que seas feliz?
El ratón respondió, si fuera tan grande como el gato, si fuera tan fuerte como él, si fuera…
Dicho y hecho el sabio lo convertirlo en gato.
Pero esto no dio el resultado que el ratón esperaba, ahora el ratón convertido en gato seguía sintiendo la misma angustia que antes y el mismo miedo:
– ¿De qué tienes miedo? -le pregunto el sabio- ahora ya no eres un ratón, ese gato ya no se meterá contigo.
A lo que el ratón respondió:
– No es al gato al que temo sino al perro que vive una calle más allá.
El sabio volvió a pensar… cuál sería la mejor forma de ayudarlo, ¿Cómo devolverle la paz, cómo hacerlo feliz de nuevo?
Después de darle muchas vueltas decidió volver a preguntarle directamente a él:
– ¿Cómo puedo ayudarte, cómo puedo hacer para que seas feliz?
El ratón respondió, si fuera tan grande como el perro, si fuera tan fuerte como él, si fuera…
Dicho y hecho el sabio en esta ocasión lo convertirlo en perro.
Esto tampoco hizo que el ratón fuera feliz.
El sabio totalmente desconcertado volvió a preguntar:
– ¿Qué te ocurre ratón?
– Ahora al que temo es al tigre -lo miro y prosiguió- si fuera tan grande, si fuera tan fuerte, si fuera…
– No digas más -respondió el sabio y en tigre lo convirtió.
– El ratón no entendía nada, no era capaz de ser feliz ni de estar en paz, aun siendo un enorme tigre, no se desprendía del miedo ni de la angustia.
– Ahora será el cazador el que me de caza, ¿qué será de mí? -Dijo el ratón.-
Llegado a este punto, el mago se dio por vencido y volvió a convertirlo en ratón, diciéndole:
– Te pido disculpas, me equivoque. Creía que dándote aquello que creías que te iba a hacer feliz, te serviría y tan solo he conseguido angustiarte más.
El ratón lo miro, sin poder decir nada y el sabio prosiguió:
– Nada de lo que haga por ti va a servirte de ayuda, nada que yo te pueda dar te dará la felicidad, porque siempre tendrás el corazón de un ratón.
Y dicho esto lo volvió a convertir en ratón.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

By | 2017-03-02T12:09:16+00:00 julio 25, 2014|autoestima, Blog, En la consulta|0 Comments

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