Érase una vez, no le pidas rosas a los cerdos II

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

En una tierra lejana, había un joven que se sentía insignificante y desvalorado por todos, un día harto de que nadie le tuviera en cuenta, se fue en busca del maestro para conseguir respuestas y soluciones, cuando llego ante este, le dijo. -Maestro, no le importó a nadie, nadie me tiene en cuenta, siempre soy el último en todo, quisiera vuestra ayuda. – Tras escuchar al joven, le respondió, – cuanto lo siento, tengo algo importante que solucionar esta mañana, quizás más tarde, o si lo prefieres podrías ayudarme, así terminaría más pronto y entonces si podré ayudarte. El muchacho una vez más sintió que lo volvían a dejar el último y una vez más se sintió insignificante. No le quedó más remedio que acceder a ayudar al maestro.

Este le explico que por motivos de necesidad tenía que vender urgentemente el anillo que llevaba puesto. – Coge mi caballo y acércate al pueblo, ofrece mi anillo a cuantos veas por tu camino y no aceptes por él, menos de una moneda de oro.

El muchacho así lo hizo, cogió el caballo y ofreció el anillo a todo aquel que se encontró por el camino. – Al principio lo escuchaban con atención, pero cuando el chico decía lo que pedía por él, la gente perdía el interés. – Muchacho no ves que una moneda de oro es mucho dinero, y ese anillo no lo vale- le dijo el tendero – ¿qué? una moneda de oro ¡tú estás loco!- le dijo el herrero- y así uno tras otro durante toda la mañana, el muchacho agotado y desolado decidió volver a ver al maestro. – maestro lo que me habéis pedido es imposible, no he podido engañar a nadie sobre el valor del anillo como mucho me daban tres monedas de plata. – Que interesante lo que me cuentas- murmuro el maestro- está claro que antes de vender el anillo tendríamos que saber cuál es su valor real, bien vuelve a coger mi caballo y ves a ver al joyero, dile que necesito vender el anillo, pero te ofrezca lo que te ofrezca no vuelvas sin mi anillo. El muchacho así lo hizo, marcho otra vez apenado de volver a ser sus peticiones postergadas y el ignorado.

Cuando llego a la joyería le explico al joyero, este tras examinar el anillo, le dijo – en fin, si al maestro le corre prisa le puedo dar quince monedas de oro, pero con más tiempo podría conseguir hasta veintidós. – ¡22 monedas de oro! – grito el muchacho, no se lo podía creer.

Corrió emocionado a ver al maestro y cundo llego le explico lo sucedido. El maestro lo escucho atentamente y le respondió – lo ves, tu eres como este anillo, vas por ahí, suplicando que cualquiera te valore, en lugar de eso, por qué no te rodeas de aquellos que sepan valorar lo que tu realmente vales.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

By | 2013-07-23T19:10:37+00:00 julio 26, 2013|Blog, En la consulta|0 Comments

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