No es tan fácil, el otro lado de la moneda II

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

-En la sesión anterior me contabas que te habías acostado con un hombre casado, ¿sí?
– Sí.
– Además, este hombre es un amigo de hace tiempo.
-Sí.
– ¿Y el problema era?
– Sí, exacto nos quedamos aquí. -Responde intentando evadir la pregunta-
– Bien, y si te vuelvo a preguntar ¿cuál es el problema?
– Montse, he visto la película que me recomendaste y me he sentido muy identificada. No en todo ¡claro! Pero si cuando la protagonista se siente mal por estar en el otro lado, por ser la amante… -sigue eludiendo la pregunta-
– …-Silencio-.
– Me ha hecho pensar.
– ¿Sí?
– La protagonista esta desconcertada, se siente mal, ¡sabe que está mal! No le gusta lo que está pasando…pero hay un momento en la película que está reunida con sus tres amigas, ya sabes, la escena de la cena en casa, cuando decide explicarles lo sucedido y… frente a las diversas reacciones de estas, de golpe pasa de la vergüenza a las risas y… yo diría que pasa también a sentirse orgullosa y satisfecha ¡está encantada con ser la otra, con ser la amante, con estar en el otro lado!
– ¿Sí? Y ¿a ti cómo te hizo sentir este cambio de actitud de la protagonista?
-Mmm… desconcertada, si, eso es, desconcertada, luego cabreada… y ahora culpable.
– Son muchas emociones y muy dispares, vamos por pasos si te parece. ¿Desconcertada?
– Sí, no entendía ese cambio de registro, ese cambio de humor y de valores. ¿Cómo se puede cambiar de esa manera, cómo puede ser que hoy sea bueno y al día siguiente deja de serlo?
– …-Silencio-.
– De ahí pase al cabreo, me sentí muy traicionada por ella, hasta ese momento creía que le pasaba lo mismo que a mí, pero de golpe todo era falso, mentira, se sentía bien en ese papel, ¡¿te lo puedes creer?!
– Por favor continua.
– Y… culpable, si me siento culpable. -Se queda en silencio, mirando al suelo-
– ¿Qué te ocurre? ¿Qué está pasando? Tranquila, tómate el tiempo que necesites. Pero no dejes que se vaya esa emoción, la necesitamos.
– Montse -rompe a llorar- estoy muy confundida, y me duele.
– ¿Dónde te duele? Indícamelo.
– Aquí- me señala el cuello-
– Bien, tranquila, respira hondo y cierra los ojos, céntrate solo en tu respiración, con calma, no cambies tu ritmo, solo céntrate en la respiración, sí… -continuo acompañándola en una relajación, hasta que desaparece la angustia y vuelve a hablar- ¿estas mejor?
– Estoy mejor, más tranquila.
-Bien, puedes continuar, ¿que es lo que te cuesta tanto verbalizar?. No pasa nada, recuerda solo son palabras, no pasa nada.
– Estoy confundida, ahora todo es diferente, ahora ya no se…
– ..-Silencio-.
– No sé, qué es lo que está bien y lo que está mal. No sé si había una parte de mí que lo deseaba, no sé qué parte de mi quería que esto pasara y que parte no lo quería…
– …-Silencio-.
– No sé si en el fondo lo he deseado todo este tiempo, no sé si solo fue la necesidad de saber que se sentía, si quería sentirme viva, no ser transparente, volver a ser joven y deseada… ¿no sé si me entiendes?
– Sí, claro.
– Y además… me he dado cuenta que me he pasado toda la vida juzgando y criticando a mis amigas, vecinas y demás por hacer lo que yo acabo de hacer, y me parece terrible. Qué fácil es juzgar a los demás ¿no?
– ¿Cómo está tu cuello?
– ¿Mi cuello? Bien, ya no me duele.
– Y ¿cómo te sientes?
– Mejor, la verdad… como si me hubiera quitado un peso de encima.
– Bien, y ahora ¿qué hacemos con todo esto?

Continuara…

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

By | 2017-03-02T12:09:48+00:00 julio 2, 2013|Blog, En la consulta|0 Comments

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