Erase una vez, ¿problemas?

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

– Montse, no lo entienden.
– ¿Quién y qué es lo qué no entienden?
– Mi mujer y mis hijos, no entienden que no puedo estar siempre de buen humor.
– ¿Siempre?
– Sí.
– ¿Ellos quieren qué siempre estés de buen humor?
– Sí, eso es lo que estoy intentando decirte.
– Entiendo ¿y qué tanto por ciento de buen humor les das?
– ¿Qué tanto por ciento?
– Sí ¿qué cantidad de buen humor les das?
– No lo se ¿qué clase de pregunta es esa?
– ¿Un 10% un 20% un 50% más?
– Depende del día, creo.
– ¿Depende del día?
– ¡Claro!
– ¿De si llueve o hace frio?
– jajaja, no, depende del día en el trabajo.
– ¿Quieres decir de si el día a sido productivo o no?
– Sí, entre otras cosas, verás, es más complicado, hay reuniones, hay balances, hay que coordinar a los equipos, en fin un montón de variables.
– ¿Y es fácil o difícil que las variables sean positivas?
– La verdad, difícil, casi imposible, por un buen día, 20 son malos.
– Entiendo entonces, qué tienes 20 días de mal humor y el resto de buen humor.
– Sí, se podría decir así.
– Bien ¿y a ti cuánto te gustaría poder darles?
– ¿Cuánto me gustaría darles? ¿te refieres de buen humor?
– Sí.
– A mi lo que me gustaría es dárselo todos los días, pero no se puede.
– ¿Estas seguro? Esto me recuerda a un cuento…

Érase una vez, en un país lejano…

El propietario de una empresa local, pidió los servicios de una empresa de fontanería. No tardo en llegar el fontanero, este se puso manos a la obra, los daños eran numerosos y para ello le dedico todo el día, durante el día fueron surgiendo múltiples problemas, la falta de algunas herramientas, la ruptura de la vieja y oxidada tubería de cobre con la consecuente inundación. Al finalizar la jornada de trabajo, el fontanero se dio cuenta de que su furgoneta no arrancaba. El propietario de la empresa se ofreció a llevarlo a casa. Durante el trayecto el fontanero fue muy callado. Cuando llegaron a su casa, este invito al empresario a que conociera a su familia y este acepto encantado. Al bajar del coche, pasaron junto al jardín y el fontanero se detuvo delante de un árbol que estaba en el camino, con ambas manos toco las hojas y el tronco de aquel árbol.

Cuando se abrió la puerta algo sorprendente paso, la cara del fontanero se ilumino, sus arrugas disminuyeron y en su lugar apareció una gran sonrisa. Abrazo a sus hijos y beso a su mujer, acto seguido se los presento, al acompañarlo de nuevo al coche y pasar por delante del árbol no pudo evitar preguntar por lo sucedido.

– Ah, ese es mi árbol de los problemas -contestó el fontanero- Sé que no puedo dejar de tener problemas en el trabajo, pero lo que tengo claro es que los problemas no son de mi casa, de mis hijos ni de mi esposa, así que, simplemente, los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa, luego al día siguiente cuando salgo hacia el trabajo los vuelvo a coger. Lo asombroso es -dijo con una gran sonrisa- por la mañana cuando voy a cogerlos, nunca hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

By | 2017-03-02T12:09:32+00:00 noviembre 22, 2013|Blog, En la consulta|0 Comments

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