Érase una vez, ¿dónde centras tú atención?

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

– Montse, ¡Estoy harta!
– Cuéntame.
– Todo son impedimentos, el papeleo es interminable, luego el banco, tampoco me lo pone fácil.
– Explícate.
– Ya sabes que estoy intentando montar una peluquería, pero no avanzo, cuando no es una cosa es otra, todo son impedimentos. Que si ahora hace falta este papel, que mañana hace falta esa firma y así, es agotador.
– Y ¿qué piensas hacer?
– Nada, no puedo hacer nada, esta visto que nunca alcanzare mi sueño.
– ¿Dónde centras tú atención?
– No te entiendo.
– ¿Cuál es tú objetivo? O dicho de otro modo ¿cuál es tu sueño?
– Ya lo sabes montar mi propia peluquería.
– ¿Entonces?
– Te lo estoy diciendo es imposible.
– No, lo que me estas diciendo es que tú lo das por imposible, lo que realmente pasa es que no es tan fácil como pensabas y que las cosas van mas despacio, primero una paso y luego otro. ¿No?
– Sí, es cierto, pero ¿para qué tanto esfuerzo? ¿para qué volver a intentarlo? Siempre saldrán pegas, estoy muy cansada.
– Las pequeñas cosas son las que hacen que nos acerquemos a las grandes… esto me recuerda a un cuento.

Érase una vez, en un país lejano…
…un vecino del lugar salió a pasear al amanecer por la playa, había recorrido un largo trecho cuando a lo lejos vio a un joven que parecía estar bailando… Corría hacia las olas, levantaba los brazos, daba la vuelta, retrocedía y vuelta a empezar, una y otra vez.
El vecino muerto de curiosidad se fue acercando para ver más de cerca lo que hacia el chico, vio que en realidad lo que hacia no era bailar sino recoger algo de la arena luego se acercaba al mar y lo lanzaba mar adentro.
Cuando ya llegó a su lado vio que lo que recogía de la arena eran estrellas de mar, que durante la noche con la bajada de la marea habían quedado en la arena.
El vecino le preguntó:
– Hola, buenos días, no he podido evitar verte y me preguntaba ¿qué estas haciendo?
– Buenos días, salvo estrellas de mar, antes de que salga el sol y las deshidrate -respondió el muchacho, sin dejar de hacer, lo que al vecino le había parecido un baile.-
El vecino lo miro asombrado y añadió:
– Pero no te das cuenta de que es una estupidez, que tus esfuerzos son en vano, es una tarea totalmente inútil. ¿Cuántas estrellas como estas deben de haber en esta misma situación? No puedes salvarlas a todas.
El muchacho por primera vez se detuvo, miró a la estrella que tenia en sus manos , luego giró la mirada hacia el vecino, y le dijo:
– Eso no es lo que importa, quizá no pueda salvarlas a todas, pero esta que tengo entre las manos notara la diferencia -y continúo haciendo “su baile”-.
El vecino, se dio la vuelta y dejando atrás al chico, deshizo lo andado y volvió a su casa. Una vez ya en su trabajo no podía concentrase, algo no paraba de darle vueltas por la cabeza “Al menos esta notara la diferencia”, era la frase que lo inquietaba. Al fin lo entendió. Para esa estrella ¡era muy valioso ser rescatada!
A la mañana siguiente, muy temprano, otro vecino que paseaba al perro, vio que a lo lejos dos personas, una joven y otra más mayor, parecían bailar junto a las olas… Corría hacia las olas, levantaba los brazos, daba la vuelta, retrocedía y vuelta a empezar una y otra vez.
Lentamente empezó a acercarse para ver qué ocurría…

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

By | 2017-03-02T12:09:23+00:00 Marzo 7, 2014|Blog, En la consulta|0 Comments

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