¡Somos dos! Cada uno va a su ritmo IV

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

– Bien, en la última sesión comentamos qué quieres y para que lo quieres ¿sí?
– Sí, exacto.
– Si no recuerdo mal, cuándo te pregunte ¿qué quieres? Tu respuesta fue, tener una pareja.
– Sí.
– Perfecto, y cuándo te pregunte ¿para qué? ó ¿por qué? La respuesta fue porque ya tengo una edad, porque quiero formar mi propia familia y porque es lo normal.
– SÍ, creo que fue eso.
– Perfecto, sigamos, cuándo te pregunte sobre “por que es lo normal”, me respondiste que cómo tus amigas.
– Sí, lo recuerdo.
– Y la última pregunta que yo deje en el aire fue ¿Puede ser qué estés más preocupada de ser igual qué tus amigas, qué de tener una pareja?
– … -silencio-
– Bien, has tenido tiempo para poder pensar en ello. ¿Qué me dices?
– Le he dado muchas vueltas, y la verdad estoy hecha un lío, ¿no se espera de nosotras que seamos femeninas, buenas niñas, estudiosas, que encontremos un trabajo, que nos casemos y que tengamos hijos?
– ¿Cuándo dices no se espera de nosotras? ¿A quién te refieres?
– A nuestros padres, a la sociedad, ¡a todos!
– Entiendo, ¿es eso lo qué tu quieres?
– No se trata de lo que yo quiera… sino de lo que es normal.
– Otra vez la palabra normal, defíneme qué es para ti normal.
– Normal, es lo que hace todo el mundo.
– Es decir lo que hace la mayoría.
– Exacto.
– Y ¿eso según tú es lo correcto?
– Sí, claro.
– Entonces ¿lo qué hace la minoría esta mal?
– … -silencio- si lo planteas así, no lo se, creo que no.
– Bien, ¿entonces hay minorías que están en lo correcto?
– Sí, claro.
– ¿Qué pasaría si tu formases parte de esa minoría?
– No debo.
– ¿No debes?
– No, no puedo, esta mal.
– ¿Esta mal?
– Mmm… -se crea un silencio incomodo, se frota las manos, baja la cara y empieza a llorar-
– Tranquila tómate tú tiempo, no hay prisa. ¿qué te pasa, en este preciso instante, qué es lo qué te pasa?
– Debo casarme y tener hijos, es lo que todos esperan de mi.
– ¿Y eso es lo qué tu quieres?
– No, pero es lo que debo hacer. Es lo que esperan que haga.
– Si eso ya lo se, ¿pero que es lo que tú quieres?
– ¡No importa lo qué yo quiera!
– Yo creo qué si.
– … -se vuelve a crear un silencio incomodo, que dura varios minutos-.
– ¿Al menos sabes lo qué quieres? -Interrumpo el silencio-.
– ¡Sí! -alza la mirada y se queda fija mirándome a los ojos-
– Bien, ¿pero no es lo qué quieren los demás?
– ¡Exacto!
– ¿Qué puede pasar si pides lo qué quieres?
– ¿Qué pasaría si…? ¡Sería un desastre!
– ¿Cómo lo sabes?
– Mmm…
– ¿Lo as intentado alguna vez?
– No.
– Entonces, ¿cómo sabes qué sería un desastre?
– Montse ¡tú no lo entiendes!
– No es necesario que yo lo entienda, solo que lo entiendas tú.
– Montse eso cambiaría toda mi vida, ¡no quiero!
– Tú y solo tú eres la que debe decidir si quieres seguir así, o quieres cambiar.
– Lo se, pero aún no estoy preparada.
– No pasa nada, lo dejamos aquí, ¿si te parece?
– Sí, gracias.
– Esta bien, no te preocupes, cada uno tiene su ritmo. Vuelve a verme si me necesitas.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

By | 2014-03-20T23:07:57+00:00 marzo 10, 2014|Blog, En la consulta|0 Comments

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