Adolescentes y padres

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

– Montse, tengo serios problemas con mi hija.
– Tú dirás.
– No me escucha, siempre ha sido una niña muy buena, pero ahora no sé qué ocurre.
– ¿Qué ocurre exactamente?
– Pues, es una dejada y… me duele decirlo pero ¡es que no parece mi hija! no estudia, miente, es muy desordenada, pasa de todo… es terrible.
– Y ¿tú qué haces?
– ¿Perdón?
– Sí, ¿cómo lo afrontas?
– Bueno, se lo digo.
– Entiendo que has hablado con ella.
– ¡Si no paramos de discutir! -exclama-.
– He dicho hablar.
– Es imposible hablar con ella.
– ¿Tú crees? ¿Desde cuándo?
– ¿Desde cuándo qué?
– ¿Desde cuándo es imposible hablar con ella?
– Ya no recuerdo cuando fue la última vez que hablamos tranquilamente ‒su rostro se ensombrece-.
– Vale, doy por hecho que hace tiempo que no hay una comunicación fluida entre vosotras.
– Sí, se podría decir así.
– Bien y a ti ¿cómo te hace sentir esto?
– La verdad, mal, muy mal -contesta como para sí misma-.
– Podrías profundizar un poco más, ¿mal cómo?
– La sensación que tengo es… es que ya no me necesita, que sólo estoy para que me pida dinero y para hacer de chacha.
– Muy bien ¿Y esto cómo te hace sentir?
– Triste, cabreada, inútil, vieja…perdida -no puede evitar que las lágrimas le vengan a los ojos a cada palabra hasta que rompe a llorar-.
– De acuerdo -cuando ella está un poco más tranquila le acerco un papel en blanco y un bolígrafo- Para empezar vamos a hacer una lista de cualidades o aptitudes que tiene tu hija.
– Ahora mismo no se me ocurre ninguna -suspira y añade- de verdad Montse, es un desastre.
– ¿Te estás escuchando? -me mira rápidamente a los ojos con cara de asombro pero no responde- ¿Realmente crees que tu hija no tiene ninguna cualidad ni aptitud positiva?
– Lo sé, suena horrible, pero es que lo siento así.
– Evidentemente la vibración que le llega a tu hija no es muy positiva ¿no crees?
– Ahora será culpa mía‒ me corta ella airada.
– No estoy hablando de culpa, más bien de responsabilidad.
– ¿Responsabilidad?
– Sí, la que le corresponde a ella y la que te corresponde a ti. Una relación de dos, como es el caso, no puede depender sólo de una parte. ¿Estás de acuerdo?
– Sí.
– Bien, entonces puedes cerrar los ojos y respirar profundamente tres veces.
– Sí… -cierra los ojos despacio. Su expresión se suaviza y su mano deja de juguetear con el anillo que acariciaba nerviosamente.
– Perfecto ¿puedes ahora buscar alguna cualidad o aptitud en tu hija? Respira y tómate tu tiempo.
– Mmm… Sí… es una artista, le encanta dibujar y se le da muy bien ‒ dice con una tímida sonrisa.‒ Mmm… también se le da bien preparar pasteles… aunque luego tendrías que ver cómo queda la cocina ‒ añade con retintín.
– Está bien, ¿qué más?
– Es una tontería, pero sabe que me gusta mucho la punta del pan y cuando se hace el bocadillo me la deja a parte para mí. ‒sonríe dulcemente, abre los ojos y se le ilumina la cara. Seguidamente no duda en coger el bolígrafo y ponerse a escribir. En un rato consigue llenar toda la lista-.
– Perfecto, quiero que te lleves esta lista a casa y que sigas dándole vueltas. ¿De acuerdo?
– Sí.
– Vale, y ahora dime, ¿Cómo estás?
– Mucho mejor la verdad.
– ¿Qué ha cambiado?
– Bueno, no me parece tan terrible.
– ¡Perfecto! sólo queda que tu hija sepa también que no es tan horrible para ti.

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

By | 2014-03-31T11:45:28+00:00 mayo 13, 2013|Blog, En la consulta|0 Comments

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