Supuesta infidelidad

¿Qué puede hacer por ti el coaching terapéutico?

Hoy “en la consulta” viene un matrimonio, por una “supuesta” infidelidad por parte del marido…

– Entiendo que estáis aquí los dos porque queréis arreglar un problema.
– Sí -Se precipita a responder ella-
– Sí -Tarda un poco más en afirmar él-
– Bien, ahora tendríamos que verificar que los dos queréis arreglar el mismo problema.
– No te entiendo. -Dice ella-
– Se que fuiste tu la que pidió hora, y también se los motivos, me los explicaste por teléfono. Pero no se, por qué él esta aquí…
– Él esta aquí por que lo digo yo ¡y basta! -Me interrumpe-
– Es necesario que entiendas que si tu objetivo es arreglar las cosas esta no es la mejor manera.
– ¿La mejor manera?
– ¿Qué te parecería a ti si tu fueras él? ¿Cómo sería que tu pareja te obligara o te diera un ultimátum para arreglar un problema?
– ¡Pobre de él, lo que me faltaba! -Dice con un tono desafiante-
– ¿Lo ves? A nadie le gusta que le obliguen ni que le prohiban nada, ¿por qué él, iba a ser diferente?
– De acuerdo, pues que conteste.
– Podrías explicarme que te gustaría arreglar. -Me dirijo ahora a él-
– Mmm… se que lo que hice esta mal, pero no puedo…
– ¡Que esta mal, dice, que esta mal, será (insulto, insulto, e insulto)! – Interviene ella sin poder evitar ponerse a llorar –
– Por favor, intenta tranquilizarte, así no vas a conseguir nada.
– ¿Pero tu lo oyes? ¡será desgraciado!
– Por favor ¿puedes recordarme el motivo de la visita de hoy?
– Sí, quiero salvar lo que queda de mi matrimonio.
– Perfecto, eso me había parecido a mí. Ahora bien ¿tú crees que con esta actitud vas a poder conseguirlo?
– Mmm…¡No! Pero tienes que entenderme ¡aquí la víctima soy yo!
– ¿Quieres que cambiemos el motivo de la visita?
– ¿…?
– Si prefieres que el motivo de la visita sea otro, cómo que quede claro que aquí hay una victima y que esa eres tú.
– …-Silencio- No… lo que quiero es arreglar mi matrimonio, quiero que todo vuelva a ser como antes, quiero olvidar…
– Ahora ya nos vamos recolocando, pero antes de saber que quieres tú, es necesario saber también que quiere él.
– Vuelvo a preguntarte…-Vuelvo a dirigirme a él- ¿me decías que no puedes…?
– Yo se que para ella esto no es justo y que es doloroso, pero…
– ¿Pero…?
– También se que no es justo que la haga responsable “en parte” de lo sucedido, hace tiempo que las cosas no van bien en casa… y ella no ha querido enfrentarse a ello.
– ¡¿Lo estas escuchando?! Ahora resulta que la culpa es mi, será mal nacido.
– Por favor deja que termine.
– ¿Lo ves? no puedo hablar, nunca puedo hablar, ¡es insoportable, ya no lo aguanto más!
– Vamos a tranquilizarnos ¿os parece?
– Sí.
– De acuerdo.
– Por lo que veo, hay varios temas sobre la mesa y seguimos sin tener claro cuál es el objetivo de cada uno, y esto es primordial para empezar a trabajar.
– Llegado a este punto. Me gustaría si os parece bien, que me escribierais para la próxima visita cada uno por separado una lista, de las cosas que van mal en el matrimonio. Luego otra de las cosas que van bien. Y una tercera de cómo os gustaría que fuera de ahora en adelante. ¿qué os parece?
– Por mi parte no hay problema. -Responde ella-
– Por la mia tampoco.

Continuará…

Dando un enfoque diferente haces las cosas difíciles más fáciles.

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By | 2017-03-02T12:09:37+00:00 octubre 7, 2013|Blog, En la consulta|0 Comments

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